Avanzando al pasado

EfraíNKLERIGAN
En 1974 Luis Echeverría Álvarez tuvo en sus manos una decisión que sería histórica, hiciera lo que hiciera: Al hacer publica la nueva riqueza petrolera que harían regresar a México al grupo de los países exportadores de petróleo y dejar de ser importadores, había pocas opciones, de todas las posibles
Echeverría eligió la peor: Convertir a Pemex en el sostén del presupuesto público, endeudar a la empresa y al erario, para financiar, caro, la expansión petróleo y seguir manejando el monopolio de la energía desde el Gobierno que ahora tendría más dinero y sería más fuerte, no más eficiente.
La otra opción, abrir Pemex a las asociaciones, para que fueran privados los que compartieran el riesgo, la deuda y la inversión, y no se recargara todo sobre la Hacienda Pública Federal, fue una opción, que estoy seguro, ni siquiera evaluó el primer presidente chilango en la era posrevolucionaria.
De haberlo hecho, ciertamente capital privado mexicano y capital exterior, habrían compartido las ganancias, pero también el riesgo y la deuda y la expansión hubiera sido más rápida, generando mucho empleo y atrayendo muchas inversiones del primer mundo. Pero el hubiera es solamente un lugar común para hablar de las tragedias no evitadas.
Ese giro a la derecha en 1974 le habría granjeado la protesta de sindicatos, los priistas de izquierda, pero habría instalado al país en 30 años entre las primeras 10 economías y se habría acabado con la marginación y la pobreza. Pero habría…
Los años posteriores mostraron que el camino indicado por Echeverría y continuado por López Portillo nos llevaron a la crisis más profunda, política, social y económica, que ha vivido México, tan profunda que apenas hoy la estábamos dejando atrás, cuando sale al encuentro un loco que asume redentor, y nos dice que ese camino equivocado es la solución.
De los que lean estos serán muy pocos los que se acuerden que en 1982 el malestar contra el gobierno se convirtió en un malestar contra los capitalinos o chilangos, un malestar contra la misma nacionalidad. Pululaba enb el norte la frase: “Haz Patria, mata un chilango”. El bullying alcabzó hasta colegialas y ocasionó muertes y lesiones.
En 1982 y 1983 no solamente explotó el índice de delitos, sino que asaltos bancarios y secuestros se convirtieron en pan de todos los días. También se supo de asaltos a amas de casa a la salida de los supermercados para robarles el mandado. Había hambre.
Pero también algo más que los populistas como López Obrador o Ricardo Monreal prefieren olvidar: La crisis de la deuda. Tiempos en que ningún país le prestaba dinero a México considerado un país de alto riesgo, y que cuando México conseguía un préstamo, era para pagar el servicio de deuda o refinanciar pasivos.
Durante 12 años lejos de que el petróleo con altos precios internacionales (para la época) sirviera como apoyo al desarrollo, lo que hicimos fue comprar alimentos, es decir, nos comimos en petróleo.
Hoy estamos en una encrucijada, no es la misma, porque la de repartir el peso de la expansión petrolera (Ya con mucho menos posibilidades reales) ya dio los primeros pasos, pero hay un sector recalcitrante, un grupo de marxistas de cantina, de izquierdas que han conocido la prosperidad con el dinero que en 1990 se nos ocurrió darle a los partidos, con la plurinominales que tuvo que regalar López Portillo para revivir a la oposición.
Izquierdistas que han hecho marchas, insultado, atacado, aventado discursos incendiarios en la calle o en los congresos, pero que jamás, jamás, se han puesto a consensuar propuestas y lograr entendimientos.
Ellos nos dicen que son la solución, que son el cambilo, que son la democraciua y que, los que se dedicaron a trabajar y crear empresas y han logrado prosperidad sudando, son traidores, ellos, los populistas son la verdad de Dios.
El que esté libre de estupidez que les regale a los populistas el primer voto.

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