La producción de etanol de segunda generación o etanol celulósico, el que se obtiene de la paja y del bagazo de la caña de azúcar, puede incrementar hasta un 50% la producción de alcohol combustible en Brasil.

Es obvia la importancia económica y ambiental de esta posibilidad, que transforma un residuo en un recurso.

Para ello el país cuenta con la mejor biomasa del planeta y con capacidad industrial instalada, la ingeniería especializada y la levadura adecuada. Sólo falta completar la composición del coctel enzimático capaz de viabilizar el proceso de sacarificación, mediante el cual se despolimerizan los azúcares complejos (polisacáridos) y se los descompone en azúcares simples. Y el objetivo de las investigaciones avanzadas en el área consiste en componer una plataforma microbiana industrial destinada a la producción del conjunto de enzimas necesarias.

Un importante resultado acaba de obtenerse con el descubrimiento en el lago Poraquê, en la Amazonia brasileña, de microorganismos capaces de producir una enzima crítica para el éxito de esta empresa.

Dicha enzima, una vez aislada, caracterizada y producida, se ha mostrado compatible con dos etapas esenciales de la producción del etanol de segunda generación: la fermentación y la sacarificación. La realización simultánea de estas dos etapas ofrece la perspectiva de una gran disminución de costos para la industria de azúcar y alcohol, toda vez que las reacciones pueden concretarse en un único reactor, con el consiguiente ahorro de reactivos.

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