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Migrantes son victimizados en México y en EUA, afirma The New York Times.

Viernes 21 de septiembre de 2018/Efraín Klerigan/MXpress. –Los migrantes mexicanos sufren todo tipo de ataques y vejaciones durante el transcurso desde Centroamérica a Estados Unidos, especialmente en  México, donde tanto autoridades como bandas delincuenciales los roban o victimizan, advierte el New York Times.

“En julio de 2017, la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos informó que solo el uno por ciento de los delitos cometidos contra migrantes en México termina en una sentencia”, aseguró el periódico neoyorquino.

Aseguran que del lado mexicano, específicamente en la frontera cerca de Reynosa, las organizaciones de narcotraficantes controlan el territorio y las rutas de contrabando, además se erigen como agentes migratorios extraoficiales.

Estos grupos les imponen un último desafío de seguridad a los migrantes y cometen su delito distintivo: el secuestro. Su presencia le da a esta zona su infame estatus como el lugar donde ocurren más secuestros de migrantes en todo el país.

Desde 2011, el Instituto Nacional de Migración en México ha documentado a 1034 víctimas de secuestro en Tamaulipas, 75 por ciento del total de migrantes víctimas de ese delito en el país. Las mujeres y los menores de edad conforman más de un cuarto de los afectados.

La retórica del gobierno de Donald Trump, critica el NYT, ha vinculado dolosamente a los migrantes con pandillas, violencia y delitos, y ha descrito a los inmigrantes como una amenaza a la seguridad pública, pero la mayoría de los centroamericanos que llegan a la frontera entre México y Estados Unidos no son perpetradores, sino víctimas de esa violencia, tanto en sus países de origen como durante su difícil trayecto a través del territorio mexicano.

En los últimos años han aumentado tanto los peligros como el rechazó de Estados Unidos a darles asilo, y han endurecido la legislación migratoria.

Estados Unidos y México ha orillado a los migrantes a tomar rutas más invisibles y riesgosas; además, la impunidad de la que gozan los criminales en México ha permitido que estos sigan en las calles.

No obstante, sin importar cuán abrumadores sean los riesgos ni cuán desafiantes sean las políticas, no han logrado reducir de manera significativa el número de centroamericanos que viajan hacia el norte. Lo único que ha cambiado es que cientos de miles de migrantes hacen el recorrido a través de rutas más peligrosas y clandestinas.

Los desplazados centroamericanos cruzan México bajo su propio riesgo, sin un medio de transporte, itinerario y las experiencias de viaje cambian según su nacionalidad, género, edad e ingresos y aun cuando contrates a un contrabandista o pollero, para atravesar México lo hacen por rutas inseguras que conllevan una serie de riesgos.

En cuanto los migrantes se acercan a la frontera entre México y Guatemala, los peligros comienzan. Para llegar a las ciudades mexicanas del sur, los migrantes que cuentan con un poco de dinero pueden tomar autobuses locales o taxis. Los que no tienen nada en los bolsillos deben ir a pie. Puede que tengan que caminar durante días por los costados de las autopistas, a menudo de noche para evitar que los detengan y para no exponerse al sol abrasador.

Las autoridades migratorias mexicanas han concentrado la vigilancia en puestos de control en las carreteras donde las autoridades migratorias intentan identificar a las personas que transitan por el país sin los documentos necesarios.

En estas zonas desoladas del sur de México, los migrantes podrían ser víctimas de criminales como autoridades corruptas, grupos locales oportunistas y miembros de las pandillas MS-13 o Barrio 18, las mismas de las que quizá escapan y que operan en esta parte del país.

En la frontera con Estados Unidos, los agentes fronterizos y una serie de radares, sensores obligan a los centroamericanos a cruzar por las zonas remotas en los extensos desiertos de California o Arizona, o cerca de la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez.

Otros piden asilo en los puertos de entrada. No obstante, la mayoría viaja por la costa del golfo de México para llegar a Reynosa, Tamaulipas.

Las cifras oficiales apenas revelan la superficie de los crímenes cometidos contra los migrantes en México. Los centroamericanos rara vez denuncian los delitos a las autoridades mexicanas debido a falta de confianza, miedo a repercusiones o conocimiento limitado del sistema judicial del país.

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