Ir a la barra de herramientas
Importante

Cómo transformar un escenario complicado, en una crisis, en sólo una elección

Opinión

Martes 2 de octubre de 2018/Efraín Klériga/MXpress. -Hasta hoy la Cuarta Transformación no parece sino la gestación de un gobierno autoritario, donde la ocurrencia, la demagogia y el viejo lenguaje del PRI de los años 70 de, “si lo niegan es porque va ocurrir”, está tomando el poder.

La orientación del nuevo gobierno es la desorientación. Un día el mismo Andrés Manuel López Obrador pondera las finanzas publicas y al siguiente dice que la economía está en bancarrota. Al tratar de explicar las palabras del líder máximo del movimiento moreno, sus achichinques revientan las enciclopedias y la nutren con nuevas definiciones de bancarrota.

Con sorna, López Obrador pisa el proyecto de infraestructura más importante del Siglo XXI para México, el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) exige una revisión a los contratos petroleros otorgados en rondas públicas, televisadas y sin impugnaciones, y los cuales no solamente se convierten en una posibilidad real de incrementar la plataforma petrolera, sino en una promesa de decenas de miles de millones de dólares de inversión

Desde que López Obrador ganó las elecciones y se convirtió en la figura central de la prensa,  dejaron de fluir unos dos mil millones de dólares en inversiones para el sector petróleo, que significaban una gran cantidad de empleos para estados como Tamaulipas, Veracruz y Tabasco, los cuales simplemente están en espera.

La “certidumbre” del gobierno a punto de apoderarse de todo el poder, está basado en un sistema inequitativo: Lo anterior se revisa, lo nuevo es dogma de fe. Así los mexicanos tendrán que creer que si se frena el NAIM es porque es lo mejor para el país, que si se construye un refinería en Tabasco, es porque es lo óptimo, y que esta obra, al igual que el tren de la locura o Tren Maya, se pueden ir por adjudicación directa, sin cumplir trámites engorrosos como proyectos de factibilidad, manifestaciones de impacto ambiental, proyecto ejecutivo, licitación y adjudicación transparente.

Si como presidente electo Enrique Peña Nieto hubiera ido a Hidalgo a prometer presupuestos e incluso, a decirle a una empresa particular como Bombardier que le adjudicaría la construcción de los carros de un tren, la misma prensa que relame y beatifica a López, como Aristegui, SinEmbargo, Animal Político, La Jornada, Proceso, SDP Noticias, se hubieran lanzado a la yugular.

A la incertidumbre de renegociar un nuevo acuerdo de Libre Comercio, se sumaron las declaraciones que hicieron pensar que México se cerraría al capital privado, que se pensaba en un onanismo político de que podríamos ser una isla y autosatisfacernos.

Pero el discurso presidencial está muy lejos de la certidumbre, es de derecha, izquierda y todo lo contrario,  aunque sí perfila una ley del embudo. El discurso de López es casi neoliberal si acaba de platicar con empresarios y brabucón, revisionista, lumpen socialista, si está hablando a un público del sector izquierdo a depauperados.

A menos de dos meses de su advenimiento, López Obrador se muestra como un político caprichoso, inquietantemente desconocedor de conducir a un gobierno lleno de leyes, reglamentos, procedimiento de administrativos y contables, de auditoría, y que había logrado una somera separación de poderes.

Muestra que las reglas no le importan, que la ley no se hizo ni para él ni para sus protegidos, y que igualmente puede mandar a un neófito a conducir una empresa petrolera que factura 48 mil millones de dólares, es la empresa más castigada por sus impactos a la ecología y tiene cientos de miles de empleados. ¿La calificación del candidato? Sencillita, ha sido el escudero que le hace los trabajos sucios a López desde los tiempos en que dirigía al PRD, allá en el final del siglo XX.

Para muchos, nos aguardan tiempos inciertos, de grupos precaristas acostumbrados a vivir de la extorsión política, de políticos revividos artificialmente, de gente que solamente sabe que no sabe nada, pero todo lo inventa, y de un gobierno que será un tren casando, de conductores viejos pero sin experiencia y liderado por una máquina que funciona a jalones.

Esta será una transformación, no la cuarta, pues esa cifra solamente existe en el cerebro del presidente electo y no se sustenta con la historia, solamente esperemos que no termine como terminaron  el caso como terminaron las “transformaciones” de Hidalgo, Madero y Lázaro Cárdenas.

A %d blogueros les gusta esto: