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Amenazar por migración, no es opción, reconocer culpa de EUA, sí

Trump solamente se dice un gringo amenzado, López pesca a río revulto…

Sábado 20 de octubre de 201/Efraín Klerigan/MXpress. -¿Cuál es el problema de fondo? El consumo de sustancias prohibidas en Estados Unidos que supera los 500 mil millones de dólares por año, según estimaciones de diversos organismos internacionales, y una parte sustancial de los 900 millones de armas de fuego que hay en el mundo, fueron fabricadas en Estados Unidos y exportadas en forma ilegal a México y Centroamérica.

La frase ya viral: «En Honduras tememos: morir de hambre o asesinados por las maras. Por eso, cuando oí de la caravana de migrantes, me atreví a dejarlo todo», muestra una buena parte del problema

La migración masiva de hondureños y antes, de salvadoreños, y en alguna época de haitianos, y frecuentemente de ciudadanos mexicanos fronterizos, no es el problema sino una manifestación de la gravedad del mal. No es la infección, es la fiebre que muestra que el enfermo se agrava.

Los decomisos de literalmente cientos de miles de armas largas o pistolas de grandes calibres, aseguradas en México por las autoridades federales, sobre todo por el Ejército y la Armada, en los últimos 10 años, muestran que siete de cada 10 fueron fabricadas en Estados Unidos e introducidas ilegalmente al país y otra parte fueron robadas a autoridades.

Pero además se han asegurado ametralladoras calibre .50, metralletas de asalto con balas antiblindaje, lanzagranadas, granadas de fragmentación, lanza misiles y un armamento que muestra que las bandas criminales tienen un poder de fuego superior al de las autoridades.

Para un hombre ignorante y arrogante como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el problema es la seguridad de sus fronteras, el problema es la migración ilegal, pero en los casi dos años de gobierno ha hecho muy poco por aliviar el alto consumo de droga de su población, que per cápita son los mayores consumidores de sustancias prohibidas en el mundo.

Y en lo que respecta a la venta ilegal de armas, el gobierno de Trump no solamente no lo ha combatido, sino que ha hecho todo lo posible para que aumente, invocando una caduca Segunda Enmienda que establece que ni el gobierno federal de los Estados Unidos ni los gobiernos estatales y locales pueden infringir el derecho a portar armas.

De tal derecho a portar armas, proviene en su mayor parte la compra de armas por parte de los grupos delincuenciales, los cuales además las roban o simplemente, se las compran en un mercado negro a los fabricantes, en un país que anualmente organiza ferias de venta de armas con descuentos, donde presentan las novedades que tienen más y más poder de letalidad.

Así que el problema no son siquiera las pandillas violentas, sino el resultado de una política exterior del garrote, que practico Estados Unidos por muchos años, impidiendo a los países del área progresar y a los regímenes virus como los de Cuba o actualmente el de Venezuela, exportar su revolución a mayorías empobrecidas y sin un futuro que aceptan cualquier opción pensando en la sobrevivencia, de la misma forma que ahora se aventuran a migrar.

La solución no es por tanto la seguridad en las fronteras y menos, las amenazas a los vecinos, como México, cuyos gobiernos no pueden dejar de cumplir sus propias leyes y los Tratados Internacionales, y aunque puedan aplazarlas, finalmente tienen que dar el asilo.

Por lo tanto la seguridad en la frontera sur de Estados Unidos, instalada en esas zonas que hace 170 años se llamaba México, no es una opción y ni siquiera es una solución de corto plazo, y menos aún, amenazar al vecino con vetar el libre comercio militarizar la frontera, dejar de pagarle sus bienes, porque un problema de inseguridad y pobreza, no se puede aliviar propiciando inestabilidad, inseguridad y pobreza.

Y por supuesto la solución no es la que propone el déspota mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien ofrece empleos como si fueran cacahuates, y hace publcidad de campaña con el dolor ajeno, digamos que, como siempre.

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