¿Perdonar a corruptos o pacto de ladrones?

Miércoles 21 de noviembre de 201/Efraín Klerigan/MXpress. ─Todos los expresidente mexicanos son personas aún con poder, con aliados y sobre todo, con conocimiento de la función gubernamental y tienen una memoria de las bondades y las fechorías se cometieron en sus sexenios. Todos los han hecho. ¿Es por ello que López Obrador les otorga un perdón no solicitado?

Hasta donde se sabe, Andrés Manuel López Obrador recibió sobornos de los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y favores de parte de Enrique Peña Nieto, quién teniendo un grueso expediente por delitos fiscales contra el macuspano, decidió no actuar.

El hecho de que López Obrador no sepa si sus antecesores tienen pruebas de que recibió sobornos, de que sumó dinero sucio en sus campañas, de que cometió fraudes fiscales, de que uso dinero público derivado, sobre todo, de los gobiernos del extinto Distrito Federal y del Michoacán o de que tiene docenas de propiedades y cuentas bancarias, es lo que obliga a López a la amnistía no solicitada

La infantil izquierda mexicana siempre ha satanizado a los presidentes. Esa izquierda para quienes homicidas como Fidel Castro y José Stalin son santones, siempre ha acusado de todo  a los presidentes y expresidentes de todo.

Los ha acusado hasta de ponerles los cuernos, lo que puede ser cierto. Los ha acusado de asesinos, lo que podría tener alguna base, pero jamás han presentado un expediente jurídicamente bien integrado en contra de ellos y lo que llaman “conspiración neoliberal” y que solamente aparece en sus sueños húmedos y sus cuentos urbanos.

Lo cierto es que al perdonar a los corruptos que le puedan haber antecedido, entre quienes figuran muchos gobernadores aún en funciones, López Obrador se perdona a sí mismo y hace un pacto de ladrones.