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Importante

Las transformaciones imaginarias de López

Los líderes que Andrés Manuel López Obrador invoca como transformadores de país, ni son todos los que están ni están todos los que son.

Todo ellos dejaron al país sumidos en una fuerte crisis y solamente Lázaro Cárdenas vio buen éxito a su gran obra: Un PRI hegemónico y monolítico, conformado por sectores socioeconómicos: Popular, campesino y obrero o CNOP, CNC y CTM; y agazapado al poder mediante un sistema escalonado de complicidades y que duró 60 años luego de dejar la presidencia.

Miguel Hidalgo y Costilla nunca soñó con un país independiente, con una república gobernada por los nacidos en la Nueva España. Él soñaba con un reino español en México, donde su casta, los criollos, no estuvieran por debajo de los peninsulares y asfixiados por los impuestos.

Tuvo en sus manos lograr la independencia, pero capituló y esa decisión le costó la cabeza. La Revolución de Independencia fue rescatada por José María Morelos y Pavón, el verdadero padre de la patria, quien sí soñaba con una república y contrario a lo que dice, López Obrador, no fue la de 1924 sino la de Apatzingán de 1815, la primera Constitución y la primera semblanza de país.

Benito Juárez fue al mismo tiempo la integridad de la República y la razón de alargar la guerra y dejar al país en un caos económico. Fue coautor de la Constitución de 1836, la cual fue el primer intento liberal de México y luego de la Constitución de 1857, la cual fue el marco y la base de la de 1917.

Juárez pudo haber pactado con en Emperador Maximiliano, el paso a un gobierno parlamentario, del cual el Habsburgo no era reticente. De haberlo hecho México hubiese logrado una paz duradera y muchos años de progreso. Pero se empecinó y finalmente asumió, tras el fusilamiento de Maximiliano, un país empobrecido lleno de levantamientos.

Al morir en 1871 la República volvió a sumirse en el caos y fuer Porfirio Díaz quien lograría pacificarla y además, lograr la transformación económica del país, aunque el también oaxaqueño cometió el error de desconfiar de una verdadera democracia.

Francisco I. Madero aseguraba que los males nacionales se remediarían solos como una consecuencia del triunfo de la democracia. Aunque trató de fundar instituciones republicanas, no lo logró porque era incapaz de llegar a negociaciones con sus disidentes y finalmente empoderó a Victoriano Huerta, quien lo depuso y lo mandó asesinar.

Al concluir el gobierno de Madero, México quedó sumido en un caos del que tardaría toda una década y que se logró gracias a que Venustiano Carranza supo negociar y lograr una Constitución, cuyo texto al parecer no conoce bien López Obrador, pues la invoca como un documento perfecto que no es, y ciertamente ha mejorado desde entonces.

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