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Importante

La “justicia social” no es justicia, ni es social, ni es civilizada

El mercado es un proceso impersonal ajeno a la categoría de fin, sin la cual el concepto de justicia carece de significado. En otras palabras, el mercado en sí no es justo ni injusto.

PANAMPOST

Justicia social es un tópico que abarca desde la filosofía política, economía y sociología a la conversación coloquial y la propaganda política. En realidad, se trata de una promesa vacía de campañas electorales; una excusa del poder para justificar cualquier intervención política en la vida y en las propiedades de los ciudadanos.

Es un concepto extraño. Sería imposible una justicia que no sea social, la justicia se concibe única y exclusivamente entre los hombres. No hay justicia o injusticia alguna entre el hombre y lo no humano con que interactúa (aunque algún filósofo moral pretenda reclamar la injusticia de la naturaleza y otro proclamarla fuente suprema de la justicia, fuera de la sociedad humana no hay justicia o injusticia).

Debería alertarnos que esa esquiva justicia “social” sea administrada por políticos y burócratas más que por jueces o tribunales. Asimismo, debería también alarmarnos que los políticos y burócratas que la administran nunca expliquen qué entienden por “justicia social”, que se limiten a nociones triviales como “mejorar las condiciones de los desfavorecidos”. Su terminología sin significado preciso, como el “bienestar social”, no define a qué se refieran realmente.

Justicia social es un rótulo grandilocuente para la injustificada e impracticable, pero generalizada e ingenua creencia según la cual “el gobierno debe poner remedio a todas las miserias, de cualquier especie que sean”. Y no porque falte un significado un tanto más estricto.

El que aterriza el etéreo concepto de justicia “social” en una justicia distributiva (realmente redistributiva en su objetivo de transferir compulsivamente recursos de unos a otros) cae en una creencia primitiva, un resentimiento envidioso que proclama que todo ingreso logrado en el libre mercado –un sistema descentralizado de decisiones, basado en acuerdos e intercambios libres y voluntarios– sería injusto de una u otra forma. Y, además, que al poder político correspondería la obligación de corregir tales resultados indeseables mediante una redistribución adicional compulsiva.

Esta primitiva encvidia no soporta que algunos tengan más de lo que “merecen”, al menos según los estándares del resentido.

Nota completa en: https://es.panampost.com/guillermo-rodriguez/2019/02/09/la-justicia-social-no-es-justicia-ni-es-social-ni-es-civilizada/

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