Huir del hoyo negro llamado Tamaulipas

Sobreviví a tres secuestros y a una semana de tortura, cuarenta compañeros y conocidos desaparecieron, me amenazaron el Estado y Los Zetas, hui de mi casa, pero no me callarán. Soy un periodista que defiende a aquellos que silenciaron por informar.
Después de sobrevivir a tres “levantones” de Los Zetas y soportar una semana de torturas inimaginables, podría no escribir más.

/Horizontal.mx/ Amenaza y violencia. Muerte de periodistas

Después de pensar durante horas que me iban a matar —de “verle los ojos al diablo” como se dice en Tamaulipas— o después de observar el cuerpo despedazado de mi compañero, podría haberme callado.

Después de que entre 2000 y 2013 más de 40 compañeros y conocidos desaparecieron y a otros los asesinaron y el estado los humilló sembrando droga y cartulinas con mensajes del narco en la escena del crimen para inculparlos, podría haberme rendido.

Después de todo esto, hui de mi casa.

Pero desde el día que llegué a aquel taller del periódico La Voz de Tamaulipas, del fallecido José Luis Contreras, y agarré una cubeta, solución y una placa de impresión en mis manos, supe que el periodismo me había atrapado. Sentí la obligación de educar y documentar la historia de Tamaulipas. Por eso sigo contando.

Por ejemplo, que en su mayoría, fue el Estado; fueron los agentes de la Policía Ministerial quienes bajo las órdenes de algún político o delincuente silenció a mis compañeros.

En el 2006 cuando Felipe Calderón desplegó las primeras hordas de militares en Tamaulipas, ciudades como Reynosa, Nuevo Laredo, Ciudad Victoria y la Zona Conurbada, colapsaron en cruentas balaceras, familias completas fueron exterminadas y otras más empaladas vivas para demostrar el poderío y el terror con lo que Los Zetas y el Cartel del Golfo gobernarian cerca de 7 años.

Los periodistas, sin ser delincuentes, nos convertimos en halcones. Fuimos coptados por los grupos criminales y obligados muchas veces a retratar los rostros de sus enemigos en el último segundo antes de que los mataran. Quienes no obedecían, eran torturados, a veces hasta morir, como en febrero de 2008: Los Zetas obligaron a colgarse al periodista del Expreso José Luis Villanueva Berrones.

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