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Los izquierdistas que nunca existieron

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No pueden ser luchadores sociales en el gobierno, aquellos que nunca lo fueron como estudiantes o profesionistas.

16 de marzo de 2019/Efraín Klériga/MXpress. – 1988 fue año histórico en todo el mundo. En Polonia la intenciones reformistas del Mariscal Wojciech Jaruzelski fracasarían ante un empoderado Sindicato Solidaridad que encabezada Lech Walesa. En Rusia, el recientemente nombrado Jefe de Estado, Mijail Gorvachov, descuidó a Polonia, pues tenía que enfrentar la Declaración de Soberanía Nacional que adoptó el Soviet Supremo de la República Soviética de Estonia.

En México, otro gobierno monolítico, el del PRI, vivía su peor crisis desde los tiempos del «Fraude Patriótico», con el que el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, pudo perpetrar su régimen, dejar de presidente a su amigo, Manuel Ávila Camacho y terminar con el movimiento de derecha que encabezaba la candidatura del también ex revolucionario, Juan Andreu Almazán.

Pero en ese 1988 varios priistas sin chamba se inconformaron con el manejo del PRI desde la presidencia, por parte de Miguel de la Madrid Hurtado y Jorge de la Vega Domínguez, y formaron lo que se llamó: Corriente Democrática que a la postre culminaría en una coalición encabezada por el Partido.

Curiosamente la cabeza del movimiento para “democratizar” al PRI, era el hijo de Lázaro Cárdenas, creador del priismo monolítico y del sindicalismo charro apoyado en sindicatos y centrales obreras como la Confederación de Trabajadores Mexicanos, la CTM, que junto con el Sindicato de Trabajadores de la Educación, serían el ariete con el que el revolucionario institucional, liderado por Jorge de la Vega Domínguez, realizaría otro fraude, que no necesariamente fue patriótico.

Como secretario de Gobernación del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quien viró hacia la derecha al Estado Méxicano, Manuel Bartlett Díaz, hoy muy obradorista y muy de izquierda, fue el encargado de reprimir el movimiento encabezado por el hijo de “Mi General Cárdenas”, represión que no solamente incluyo la “caída del sistema”, sino el asesinato de muchos activistas del Frente Democrático Nacional o FDN.

Desde 1987 dentro del mismo PRI, la Corriente formada por el entonces exgobernador de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el expresidente del PRI, Porfirio Muñoz Ledo, la ex embajadora, Ifigenia Martínez, el ex diputado del PRI Rodolfo González Guevara, estaban disgustados porque De la Madrid, junto con su Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, le había quitado al ala izquierda del PRI, el pedazo de pastel que habían tenido hasta entonces.

Junto a ellos estaba Carlos Tello Macías, artífice de la estatización de la Banca (que en 1982 era cien por ciento mexicana) Rodolfo González Guevara, quien fuera de sus tiempos de estudiante dirigente de la Federación de Estudiantes Socialistas de Occidente (FESO), pero que al menos los últimos 30 años había sido priista.

Y otros como Ignacio Castillo Mena, Vicente Fuentes Díaz, Armando Labra Manjarrez, Roberto Robles Garnica, Janitzio Múgica Rodríguez Cabo, César Buenrostro, Francisco Javier Ovando Hernández y Leonel Durán Solís, que no se distinguían por haber vivido fuera del presupuesto.

Aunque Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano e Ifigenia Martínez sí tenían alguna militancia en agrupaciones calificadas de izquierda, y Porfirio Muñoz Ledo, había sido L’enfat terrible del echeverrismo, ninguno de ellos había hecho militancia en otro partido que no fuera el PRI, aunque Cuauhtémoc había acompañado a siu papá en el llamado Frente de Liberación Nacional, que no pasó nunca de un tertulia política.

La verdadera izquierda de México estaba en otra parte, no en el PRI no en la Corriente Democrática, sino en la oposición que había luchado y yo diría que embestido molinos, desde el Partido Comunista y sindicatos beligerantes. Estos líderes, como Heberto Castillo o Arnoldo Martínez Verdugo, por nombrar sólo a los que lidereaban partidos, sí llevaba décadas de lucha antisistema.

Estos partidos como el hijo tonto del Partido Comunista Mexicano, el Partido Socialista Unificado, no se rendirían pero posteriormente encontrarían en el Partido de la Revolución Democrática, una vía institucional y de fuerza, la cual fue traicionada en 1999 por quien llegó a la dirigencia nacional, un tal Andrés Manuel López Obrador, que había logrado la fama con su defensa al presunto fraude en las elecciones generales de Tabasco, defensa que incluyó el terrorismo contra Pemex.

Pero en 1988 a la  Corriente Democrática pronto se unió la izquierda gesticuladora, y así, junto el líder del membrete llamado Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, Carlos Cantú Rosas, quien postuló a Cuauhtémoc Cárdenas como su candidato a la Presidencia de la República, se agolparon los membretes.

A esa izquierda que tenía un alto porcentaje de fibra artificial, se sumaron membretes que habían sido abandonados por el poder, como el Partido Popular Socialista, el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, el Partido Social Demócrata, el Partido Verde Mexicano y todo juntos, formaron el FDN, con Cárdenas Solórzano como su candidato

Poco después se unió la gente que al menos lucía como verdadera izquierda, Partido Socialista Unificado de México, herederos del Partido Comunista Mexicano, el Movimiento al Socialismo, que estaba integrado por desprendimientos del Partido Mexicano de los Trabajadores que lideraba Heberto Castillo y los trotskistas del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Ya en marcha la campaña apuntalada sobre todo por el recién nacido diario La Jornada, comenzó a ponerle al PRI un verdadero escollo que no conocían desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, cuando para no perder el poder el entonces llamado Partido Nacional Revolucionario, tuvo que realizar un “fraude patriótico”.

Aunque las boletas electorales de las elecciones de julio de 1988 se incendiaron junto con el Palacio Legislativo de San Lázaro, la mayoría de los protagonistas y los observadores coinciden, que así como en 1940 el General Lázaro Cárdenas, con Manuel Bernando Aguirre como operador habían realizado un fraude electoral, en 1988 De la Madrid con Bartlett Díaz como operador, realizaron un fraude contra el hijo del General.

Así, en diciembre de 1989 toma posesión un golpeado Carlos Salinas de Gortari, quien desde sus tiempos de estudiante, incluso, desde el seno familiar, tenía nexos con organismos de izquierda y con un manejo de medios que aventó oleadas de dinero, pudo subir su popularidad

Y allá por febrero marzo de 1989, la popularidad de Salinas de Gortari, rondaba el 80 por ciento. Se le llamaba reformador y Edén Pastora (Comandante Zero y leyenda del Frente Sandinista de Liberación Nacional, conocido como FSLN)  le escribió una elogiosa biografía.

Se sabía que el hermano Raúl, el compadre Hugo Andrés Araujo y el amigo Alberto Anaya, habían fundado una agrupación campesina de inspiración maoísta, lo que hizo que Carlos tuviera una puerta abierta en grupos de la oposición de Izquierda, al menos en el norte de México.

Por entonces el resentido número uno de llamaba Manuel Bartlett Díaz, quien había presidenciable del gobierno que viró hacia el neoliberalismo, y quien además tuvo que ser el artífice del nuevo “fraude patriótico”, aunque no se sabe que haya protestado cuando se le nombró Secretario de Educación, de Salinas de Gortari, o CSG, siglas que la gente en mofa decían que significaban “casi sin greña”.

Bartlett como ex secretario de Gobernación era ideal para tratar a uno de los principales enemigos: Vanguardia Revolucionaria del SNTE, y en Educación, realizó dos acciones: Primero, atomizar el poder de Carlos Jongitud Barrios y, empoderar a quien se calificaba de amasia del potosino: Elba Esther Gordillo Morales. Y segundo: Realizar la reforma educativa que con el tiempo llevó a México a los peores niveles de aprendizaje.

Hasta entonces Bartlett nunca se había distinguido ni figurado como gente de la izquierda; tampoco lo había hecho, Andrés Manuel López Obrador, quien en sus tiempos de universitario nunca participó en movimientos antisistema, y para quien el incio de su carrera política fue la amistad con el tabasqueño Carlos Pellicer y con su maestro, Enrique González Pedrero, el primero senador por Tabasco y el segundo gobernador.

Salinas de Gortari le movió el tapete a González Pedrero y lo amarró al estilo porfirista, “con chorizo”, y lo nombró titular del Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (Iepes) del PRI y posteriormente Directo del Fondo de Cultura Económica en 1989 y luego lo enviaría como embajador de México en España de 1989 a 1991, antes de dejarlo cesante y que el tabasqueño, se uniera al PRD,

González Pedrero nombró a López Obrador delegado del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco, luego, en 1983, presidente del comité ejecutivo estatal del PRI, de donde fue removido cuando se quiso apoderar de la facultad para nombrar a los candidatos a presidente municipal.

Su maestro lo envió a México, al Instituto Nacional del Consumidor, donde consiguió dinero suficiente para comprarse dos departamentos y conseguir con el apoyo de su maestro González Pedrero, sacar final ente el título de licenciado, tras 16 años de carrera y con muchas materias reprobadas.

Precisamente unos de los autores regionales de la “caída del sistema”, fue el joven zacatecano Ricardo Monreal, quien gracias a ese trabajo logró obtener su primera diputación al Congreso de la Unión en 1988 y no sería sino hasta 10 años más tarde, cuando el PRI le cerró el paso a la candidatura para Gobernador de Zacatecas, cuando Monreal se dio cuenta que era de izquierda, de la verdadera izquierda atinada, y se pasó al Partido de la Revolución Democrática

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