El  presidente conservador que se disfraza de socialista

23 de marzo de 2019/Efraín Klériga/MXpress. -Ha sido dirigente del partido que durante años aglutinó a toda la izquierda, fue un anarquista que protesto un fraude electoral con sabotajes a pozos de Pemex, habla como si fuera un furibundo antiliberal, pero no abraza ninguna causa de la izquierda profunda, cambia programas sociales por entregas de efectivo y recibe a los evangélicos en Palacio Nacional.

Cancelar programas asistenciales para cambiarlos por reparto de dinero en efectivo, aseguran economistas, es una política plenamente neoliberal y contraria a la concpeción de un estado socialista,

No deja de ser paradójico que el presidente Andrés López Obrador se diga juarista y quiera gobernar apoyado en el clero de origen luterano, que invoque la presencia del Papa Católico hasta para asuntos comunes de gobierno como la seguridad y que haya cancelado programas como comederos para indigentes, estancias infantiles para madres trabajadoras y se niegue a fijar una postura sobre el aborto regulado.

Los pastores evangélicos seguramente no conocían el despacho del presidente en Palacio Nacional, pero este año han ido dos veces en menos de un mes y han asegurado que tienen la promesa presidencial para abrir estaciones de radio y televisión, en pocas palabras, para hacer una evangelización masiva.

““Dios nos ha abierto unas gigantescas puertas porque hemos sido invitados a colaborar con el Gobierno Federal en algunos programas sociales”, dice el líder de las iglesias evangélicas, Arturo Farela en una entrevista con Luis Pablo Beauregard, publicada por el diario español El País.

Mientras el tema del aborto legal es una reivindicación de la izquierda en todo el mundo, igualmente la postura de las iglesias luteranas y la católica es de impedirlo y penalizarlo, e incapaz de fijar una postura clara, intenta no hacer nada sujetándolo a una de sus consultas amañadas.

Pero las discrepancias no son solamente en decirse laico y hacer parte de su ideario posturas luteranas y católicas, también esté en su precepto: “No mentir”, y posicionar sus ideas sobre datos falsos o haber engañado con el hecho de que una encuesta falsa, era la voz del pueblo que le ordenaba cancelar las obras del Nuevo Aeropuerto de Ciudad de México.

Además, algunas de sus afirmaciones son contrarias a la realidad, por ejemplo, asegura que la balanza agropecuaria es deficitaria, cuando lleva varios años con superávits; habla de redistribuir la riqueza pero ha comenzado por cancelar los planes de fomento social y lesionar el empleo.

Además sus promesas, como acabar con la inseguridad pública parecen descabezas, pues  a 123 días de haber asumido la presidencia, el único plan contra la delincuencia, es una policía militarizada y mantener al ejército en la calle, lo que durante dos sexenios fue un fracaso.

Optra mentira flagrante fue haber dicho que la escasez de combustible que explotó en enero y febrero y aún persiste en algunas regiones, se debía a una decisión de combatir el robo y el mercado ilegal de gasolina, pero las cifras de importaciones demostraron que el desabasto venía de una decisión de bajar casi a la mitad las importaciones de hidrocarburos en diciembre y enero.

López afirma que lo que califica de política neoliberal o neoporfirista “ha originado una profunda desigualdad, mayor pobreza, frustración, resentimiento, odio y violencia”, pero hace pensar que hubo alguna época en México en la que no había pobreza y que la explosión demográfica y el atraso cultural en el sur del país, han cooperador mucho para ello.

Igualmente habla de ceñirse a una honestidad mesiánica, pero ha comenzado por realizar compras y adjudicar contratos, sin cumplir los deberes que le impone la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Publico.

En sus conferencias mañaneras, que son una forma de figurar en los medios, lo cual hace utilizando presupuesto, tiempos en los medios públicos o pagando espacios en radio, televisión impresos o Internet, ha descalificado a todos sus antecesores, desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, y habla  despectivamente del crecimiento promedio del 2.2 por ciento anual, mientras que este su primer años de gobierno, tiene un prospectiva de 0.5 y 1.5 por ciento de crecimiento del producto interno bruto.

Otra de sus promesas era la de no hacer crecer la deuda pública, la cual calificaba de prueba del saqueo que habrían realizado sus antecesores, pero en 123 ha incrementado en más de 120 mil millones de pesos la deuda y aumentó en 500 millones de dólares por año el servicio de deuda de Petróleos Mexicanos, todo debido a decisiones personales.