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Para entender el nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá

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El 30 de noviembre del año pasado Enrique Peña Nieto, Donald Trump y Justin Trudeau firmaron un nuevo tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Antes de la firma, Trump calificó el anterior acuerdo —el TLCAN o NAFTA en inglés— como “el peor tratado de libre comercio firmado en este país”. También tuiteó que “Estados Unidos tiene un déficit comercial de 60 mil millones de dólares con México.

El NAFTA ha sido un tratado injusto desde el principio”. Incluso amenazó con dejar unilateralmente la relación entre los tres países vecinos.

Después de la firma dijo: “Es un buen acuerdo que corrige varias debilidades y errores”. El nuevo acuerdo fue presentado como el T-MEC (o USMCA en inglés), un acrónimo de los nombres de los países firmantes. Lo cierto es que, tras tantos dichos, críticas y bailes de siglas difícilmente pronunciables en español, inglés o francés, el T-MEC se caracteriza mucho más por sus pequeños retoques que por sus novedades. Es algo muy parecido a un TLC 2.0.

Estas son las claves para entender el nuevo acuerdo —a la espera de su votación en las cámaras— en un momento crítico para la relación comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

Del viejo al nuevo tratado de libre comercio

Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 se redujeron tarifas y se establecieron nuevas reglas para la producción e intercambio de bienes industriales y agrícolas entre los tres países vecinos. El tratado se convirtió enseguida en un símbolo de la nueva economía globalizada de los 90 y principios del siglo XXI.

En México, especialmente en el sur del país, estas dos décadas se critican como una época de política agraria fallida. Algunos académicos, activistas y agricultores se quejan, por ejemplo, de que sin subsidios no es rentable cultivar maíz.

México importó 3.2 mil millones de dólares de maíz de EEUU en 2018 y existe una percepción de que las fincas pequeñas en Oaxaca y Chiapas no pueden competir con el maíz importado.

Al mismo tiempo, cada vez que una empresa cierra una fábrica en Estados Unidos y abre en México, como acaba de hacer la manufacturera Carrier, al TLCAN se le culpa de destruir la industria estadounidense.

Pero, en general, el tratado ha sido más bien un producto de una época caracterizada por la celebración de los libres mercados, la proliferación de cadenas de producción internacionales, la consolidación de grandes empresas multinacionales, el olvido del papel del gobierno, el crecimiento de empleo inestable y un aumento brutal de la desigualdad dentro de las sociedades en ambos lados de la frontera.

Como candidato del Partido Republicano, Trump buscaba el apoyo de los rincones olvidados de Estados Unidos y convertirse en el campeón de la gente marginada que no recibió los beneficios de la globalización. En vez de enfocarse en la desigualdad dentro del país y buscar soluciones internas para las comunidades que habían perdido inversión y empleo durante dos décadas, buscó un enemigo externo. La crítica al TLCAN fue parte de su mensaje antimigrante y antimexicano.

Esa narrativa también encajaba dentro de una estrategia común del presidente de Estados Unidos: simplificar problemas complejos y explicarlos en términos sencillos, normalmente usando la dualidad de ganadores y perdedores. Para Trump, la transformación de la producción industrial y la creación de una zona de producción integrada, transnacional y globalmente competitiva fue una derrota.

Nota completa en:  https://horizontal.mx/t-mec/

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