Ir a la barra de herramientas
Importante

Marcharon los fifí, pero van a marchar los “desposeídos”

  • “Los machucones no salen”, pero habrá que hacer terapias, dice el terapista presidencial

6 de mayo de 2019/Efraín Klériga/MXpress. – Este lunes el presidente Andrés López Obrador salió tranquilo, parecía como le hubieran dado palmaditas en el occipucio, pero el subconsciente los traicionó como siempre y se refirió a los pobres con la palabra maldita: “desposeídos” y sus opositores como «machuconess»

Por las vetustas paredes del hermoso salón que alguna vez tuvo más utilidad que servir de púlpito de las mañaneras, resonaron las coplas de aquel tango de Enrique Cadícamo: “La historia vuelve a repetirse… El mismo loco afán”

El 1 de diciembre de 1976, en su discurso de toma de posesión surgió por primera vez esa palabra. Y no se quedó ahí, en las paredes de San Lázaro que luego se quemarían con boletas electoras. Literal.

“A los desposeídos y marginados si algo pudiera pedirles, sería perdón por no haber acertado todavía a sacarlos de su postración, pero les expreso que todo el país tiene conciencia y vergüenza del rezago y que precisamente por eso nos aliamos para conquistar por el derecho de la justicia”, dijo José López Portillo.

Pero cinco años y nueve meses después, en el país donde las ocurrencias del Presidente habían llevado a la deuda pública más grave de la historia, al 138 por ciento del PIB (38 por ciento más de lo que producía el país entero en un año) y la inflación arriba del 90 por ciento, López, el otro, el Portillo, confesó:

“Seis años no han bastado para saldar una deuda acumulada en siglos con los desposeídos y marginados, pero el país tiene conciencia del rezago y el Gobierno ha tenido la voluntad de conquistar la justicia”

Y más adelante ese López Portillo (Por pillo, le decía Chucho Salinas) inauguró el llanto presidencial:

“A los desposeídos y marginados (lágrima y puñetazo en la tribuna o púlpito, según se vea), a los que hace seis años les pedí un perdón, que he venido arrastrando como responsabilidad personal -excúsenme por favor, como si fuera exclusiva por haberlo formulado-, les digo que hice todo lo que puede para organizar a la sociedad y corregir el rezago; que avanzamos (sic) que si por algo tengo tristeza es por no haber acertado a hacerlo mejor”, lloriqueó “el presidente de lujo” convertido en negro de la feria por su propio esfuerzo y necedad.

Habrían de pasar seis sexenios para que las mismas paredes, ahumadas con algo más que la historia, escucharan la palabra maldita en un contexto casi igual:

“Vamos a gobernar para todos, pero que le vamos a dar preferencia a los vulnerables y a los desposeídos. Por el bien de todos, primero los pobres”, dijo el 1 de diciembre de 2018, López, el otro, el de 42 años después, el Obrador.

Este martes 6 de mayo, luego de la sacudida que debió representar, no para su inteligencia, porque esa es compacta, sino para su ego, que salieran a la calle a pedirle la renuncia miles y, que cientos de miles los apoyaran en redes:

“»Íbamos a escuchar y a respetar a todos (sic) pero que íbamos (así en copretérito) a dar preferencia a los humildes, a los desposeídos, que, por el bien de todos, primero los pobres», dijo en su conferencia atolera, a la que van algunos periodistas.

No dejan de ser curiosas las similitudes y hasta diría, reiteraciones: Una economía que puso en el centro el petróleo; un presidente que inició con un economista prestigiado en Hacienda (al que seguidamente corregía, hasta que no lo aguantó) Un presidente megalómano que disfrutaba posar para las gráficas. Un presidente cuya esposa se sentía artista. Un presidente que manda a familieares, en el orgullo de su nepotismo, a regir la cultura, aqu¿+el López lo hizo con la hermana que se sentía poeta y reencarnación de Sor Juana.

López, este, el Obrador, parece no entender que domingo 5 de mayo no marcharon los fifí, sino los ciudadanos que no le creen, los que se dan cuenta de sus abusos de autoridad, que lo lleva a fungir como líder parlamentario, presidente de la judicatura, jefe político en los estados, contralor del gobierno, jefe del comité de adquisiciones, vocero presidencial, y muy especialmente, el Mesías que condena o perdona desde el púlpito de la antigua Tesorería.

Todo eso, excepto el planificador, el consensuador, el que escucha, el que dirige con la mira puesta en el futuro y con respeto a la Constitución que protesto guardar y hacer guardar.

Luego de mandar a sus andacorreveydiles a defenderlo en las redes sociales y putear a los manifestantes, regresa para decir que él escucha y él, como Bora, respeta, pero que entiendan “quienes están hasta mero arriba, los machuchones (sic de vieja de vecindad) esos no salen a manifestarse, pero no les gusta”, que su gobierno no va a cambiar

Pese al tono que intentó ser conciliador y respetuoso “porque sería incongruente” para él, quien se dijo perseguido, respeta, pero los califica de inadaptados, y, como el terapista que cree ser les advierte que:

(Debe)“hacer terapias para reincorporar a mucha gente que tienen como propósito fundamental enriquecerse a costa de lo que sea, sin escrúpulos, es una especie de enajenación. Hay que crear una asociación para recuperarlos, hay muchos. Hacerles ver que el dinero no es la vida, que no es lo material lo que da la felicidad, que sólo siendo buenos podemos ser felices”, insistió el presidente de las adjudicaciones directas sospechosas.

A %d blogueros les gusta esto: