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Soberbia de AMLO convierte desacuerdo en crisis política

El culpar al pasado y a la prensa y seguir con su gatopardismo, no le darán resultado siempre ni tendrá el bono democrático si la economía colapsa, deja de tener dinero para repartirlo y sigue borrando el pasado, lo bueno y lo regular, y lo cambia por malo.

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24 de mayo de 2019/Efraín Klériga/MXpress. – La manera agresiva de responder, y de primero negar el problema y luego adjudicarlo a administraciones pasadas y a la prensa no afín, lejos de hacer que se llegue a un entendimiento, está convirtiendo un desacuerdo y un error presupuestal, en una crisis política grave del gobierno de Andrés López Obrador.

Lo que pudo haber sido un desacuerdo derivado de la renuncia con denuncia de un colaborador casi emblemático, (porque cuando se unió a sus filas se le presentó como prueba de que López era visto como él salvador de la Patria) se ha convertido en una cascada de desatinos, denuncias y enfrentamientos, que menos van a ceder con las respuestas beligerantes del Presidente y el culpar al pasado y a su oposición.

Calificar de hampa (Conjunto de delincuentes que se unen para delinquir)  a la prensa disidente no sólo es un despropósito mayor, sino un insulto directo que no va encontrar perdón pronto, y si va a propiciar que la lupa con la que se analiza su régimen aumente varias veces.

Mientras el lento aprendizaje de su gabinete va de un error a otro, la soberbia para responder y la violencia verbal hacia sus opositores aumenta y muestra que el Presidente Andrés López Obrador, está seguro que el bono democrático obtenido hace casi 11 meses le durará todo el sexenio.

López aparentemente no se ha dado cuenta que el porcentaje de la población que lo desaprueba ha crecido lenta pero consistentemente, y se sitúa ya entre un 28 a un 40 por ciento (Dependiendo la encuesta que lo mida) y lo peor es que esa oposición ha pasado del simple desacuerdo, al enojo irreconciliable.

A 155 días de haber asumido el mandato, la explicación de que la violencia está sin control, la obra pública no se materializa, Pemex sigue perdiendo, los presupuestos de salud están afectados y la economía sufre cachetadas, debido a la corrupción, la negligencia y los errores de los regímenes anteriores y el complot neoliberal, deja de parecerle cierto hasta a los menos inteligentes.

A los problemas que se pueden medir en cifras como el aumento del desempleo, el repunte de la inflación, la caída en la inversión fija, en la actividad industrial, el aumento de la delincuencia, los despidos de burócratas, los recortes de presupuesto en programas de fomento social y en la operatividad del sector salud, se suman abusos y claroscuros.

Las groserías al Congreso como la repetición de ternas de amigos y hasta de discapacitados para la encomienda, el otorgarle un lugar en el Poder Judicial a la esposa de uno de sus socios; el empecinamiento de cancelar un aeropuerto con vigencia asegurada para cambiarla por una obra incierta, la necedad de construir una refinería que no dará ningún valor extra a Pemex y la incapacidad para echar a andar las obras de infraestructura, tienen un mismo origen: Un presidente terco y sabelotodo.

Pero hay más, la corrupción en la adquisición de camiones cisternas para Pemex, la cascada de adjudicaciones directas de compras, obras y contratos que debieron licitarse; la sospechosa compra de medicamentes a uno de sus funcionarios, la protección a un claro hecho de corrupción del Gobernador de Veracruz.

Cada vez que no le queda más que reconocer un error, cumpla a la prensa, al pasado, a las políticas neoliberales que él mismo está imponiendo, y vuelve a pedir un plazo, y se parece cada día más al alcohólico que dice que comenzará mañana , después de la papalina de hoy, a dejar la bebida.

Parece claro que cuando López Obrador define al Gobierno federal como “un elefante reumático”, habla de su gobierno y lo peor es que ese elefante da la apariencia de transitar por una cristalería ocasionando daños en cada uno de sus lentos pasos.

El 36 a 40  por ciento de la población que hace dos meses desaprobaba la forma de gobernar del presidente Andrés López Obrador, se ha convertido, retado por la arrogancia presidencial  en una facción encontrada con el régimen que, abusa del bono democrático obtenido hace ya casi 11 meses, y piensa que le durará toda la vida, mientras reparta dinero en efectivo.

No se necesita ser adivino para prever que tras la crisis que ha surgido no por la renuncia de Germán Martínez Cázares sino por la forma de responder de López y por la retahíla de reclamaciones de hospitales públicos de alto nivel y de los burócratas, pronto se unirán nuevas denuncias y el tigre será visto como lo que es: un gato pardo.

Y con la parafernalia sexenal diríamos que, no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla, pronto los daños del empecinamiento de Dos Bocas, de Santa Lucía, de insultar al congreso y de culpar al pasado por la delincuencia, le van a cobrar la factura, y como le dijo Vicente Fox: “Con los clavos que avientas te van a clavar”.

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