1 de junio de 2019/Efraín Klériga/MXpress. – Una aparente simpatía que nace de la postura populista y de la personalidad de ambos que los lleva a los excesos verbales, maniqueísmo, sueños de poder, extremo egocentrismo que los hace no escuchar a sus asesores, parecen coincidencias poco felices, que además en un segundo plano se suma a divergencias, que por fuerza, llevará a la relación Estados Unidos y México a uno de sus peores momentos desde que Woodrow Wilson se empecinó en apoyar a Pancho Villa y no a Venustiano Carranza.

La actual crisis, que no lo era antes de que el presidente mexicano decidiera enfrentar amenazas del neoyorquino con una carta de maestro de escuela al Gobernador, y decidiera mandar a su canciller a arrodillarse, será el comienzo de muchos desencuentros.

Junto a la personalidad de “Juan Trump”, existe en el comparativo con el magnate, profundas divergencias, no solamente en la historia de vida, la filiación política, sino que la visión que tiene cada uno del vecino país,  es la más afectada y convencional, la de plática de café o cantina, la que no profundiza, y uno ve en EUA a un imperio siempre en busca de tomar ventaja y apoyar un Golpe de Estado y Trump, ve al México de Pancho Villa y el Chapo Guzmán.

Lo peor del caso es que la visión que tienen ambos de su propio país, Andrés López Obrador de Estados Unidos y Donald Trump, se compagina no es tan lejana piensa el otro y, la política del neoyorquino, imita a la de Richard Nixon y la del mexicano a la de Luis Echeverría y José López Portillo, dos nacionalismos extremos y enfermizos.

López Obrador no solamente es el primer presidente mexicano en 36 años que no habla inglés, también es el primero sin experiencia en administración o economía, el que menos ha viajado y junto con Fox, quien muestra menos conocimiento de la geopolítica.

En pocos meses de la administración de López los errores, si bien diferentes, no son menos graves del que cometió Vicente Fox cuando luego del 11 de septiembre de 2001, no envió de inmediato sus condolencias a George Bush.

Donal Trump es el primer presidente de Estados Unidos quien ya era una figura internacional, aunque televisiva,  antes de encapricharse con lograr la Presidencia, llega con una imagen fabricada de magnate infalible y sin ninguna experiencia política previa y al igual que López idolatra a los presidentes del Desarrollo Compartido, Trump lo hace con Nixon y su política del poder.

Las coincidencias entre los mandatarios de México y Estados Unidos han traído consecuencias felices mientras que las divergencias nos han metido en problemas y un claro ejemplo podría ser que Woodrow Wilson apoyó a Pancho Villa y no a Venustiano Carranza, lo que hizo que la guerra civil continuará luego de la caída de Victoriano Huerta.

La coincidencia con Franklin Delano Roosevelt, un presidente que apoyaba el Estado fuerte y benefactor y los sindicatos grandes, permitieron que Lázaro Cárdenas no tuviera una oposición desde la Casa Blanca para expropiar a las empresas petroleras y solamente hubo la petición de indemnizarlas.

Manuel Ávila Camacho, quien sí se reunió con Roosevelt, pudo negociar los Tratados internacionales de aguas para los ríos Tijuana y Bravo, el Programa Bracero e imitó a su homólogo estadounidense fundando el Instituto Mexicano del Seguro Social, a la fecha la más grande y sólida institución de bienestar en el país.

Los gobiernos desde Adolfo López Mateos hasta José López Portillo, en contra parte, no lograron entendimientos reales con los presidentes desde Dwight D. Eisenhower hasta Ronald Reagan, con un breve lapso con John F. Kennedy y su efímera Alianza para el Progreso, que invirtió poco pero lleno Latinoamérica de operadores de inteligencia de EUA.

En los años 90 dos presidentes con posgrado en economía: George Bush de Yale y Carlos salinas de Gortari en Harvard, dio por resultado las negociaciones y aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte el mayor acierto económico de México en un siglo.

Tan fue importante que Bill Clinton en 1995 apoyó a Ernesto Zedillo con una línea de crédito de 50 mil millones de dólares, la cual nunca se utilizó, pero sí fue un elemento político importante para que se pudiera sortear la tremenda crisis del Efecto Tequila o los Errores de Diciembre, en menos de dos años.