Blacamán: Episodio 2

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2 de octubre de 2019/Efraín Klériga/MXpress. -En Guachochi, en el distrito serrano de Chihuahua, el auditorio se llenó de curiosos, de acarreados, de rarrámuris que fueron atraídos por la figura de Blacamán el fascinador de bestias, el que azuza a la delincuencia con “fuchi, guácala”.

Ahí, Blacamán, el bueno, el vendedor de milagros, reiteró su discurso, el único que sabe hacer y con el cual gobierna; un discurso que habla de los malévolos conservadores, de las transformaciones que él le inventó a la historia de México. Un discurso que asegura que desde pasado 1 de diciembre comenzó a barrera la corrupción como se barren las escaleras.

“¿Cuánto nos vamos ahorrar por no permitir la corrupción?”, gritó con su voz tipluda: “Calculamos que este año como 500 mil millones de pesos, porque no tenían llenadera, robaban mucho; entonces, ya se acabó el bandidaje oficial y ya no va a haber corrupción. Me canso ganso”

Pero los 500 mil millones no aparecen, pero sí la corrupción, por más que Manuel Bartlett le haga “chu, chu”, los funcionarios del gobierno pomposamente llamado, la Cuarta Transformación, tienen colas de estiércol, y alguna de esa materia fecal le toca al mismo Blacamán, cuyo rancho La Chingada, en Palenque, Tabasco, que supuestamente fue “herencia familiar”, fue comprado en 200 mil pesos con dinero del Partido Revolucionario Institucional, o sea, del pueblo, en los años 80, del siglo pasado.

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Y mientras surge la fabrica de chocolates, las grandes residencias deYeidckol Polevnsky, la dirigente del partido de gobierno y ya socia política de Blacamán en 2013 cuando el fisco le condonó 16 millones de pesos de impuestos y recargos adeudados.

Pero no, de hecho los ingresos públicos no muestran la aparición del dinero de la corrupción sino que revelan un agujero fiscal de casi 200 mil millones de pesos,  que aparece pese a los conjuros de Blacamán, pese a que se rebajaron los salarios de los funcionarios, pese a que  se le quitó dinero a los estados, pese a que se ha dejado de pagar dinero comprometido para la educación, salud, agricultura, seguridad pública.

Pero en su discurso, en Guachochi, pueblo pobre de la sierra chihuahuense, lleno de narcotraficantes, de rapamontes que hacen fortunas con la madera, el cuarto transformador espetó: “Si hacen una transa grande, grande, grande, es porque el presidente lo permitió. Es lo mismo en los estados, si hay un negocio jugoso es porque lo permite el gobernador, nada que no se enteró”, afirmó

Y el presidente sabe de negocios jugosos realizados por su amigo Carlos Lomelí Bolaños, a quien trató de hacer gobernador de Jalisco, a quien puso de delegado presidencial en ese estado, resulta haber hecho no una transa grande, grande, sino varias, con medicamentos de mala calidad pero excelente precio, con empresas membrete para triangular las compras.

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Y claro que le presidente sabe que con la compra de pipas para Pemex, allá, en los albores de la 4T, cuando faltó la gasolina porque dejó de importarse y entonces Blacamán, para no reconocer el error inventó que era porque le había declarado la guerra al combustible robado, al mismísimo huachicol, y por eso cerraron ductos y ahora iba a carrera con pipas

Pero Blacamán insiste: “¿Cómo se barren las escaleras? De arriba para abajo y eso es lo que estamos haciendo. No se permite la corrupción y de esa manera se fortalece México, porque se moraliza nuestro país y todo lo que se iba por el caño de la corrupción ahora se puede destinar para atender las necesidades del pueblo. Así es lo que estamos haciendo”.

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Por eso habla de los malévolos neoliberales que, “tenían aviones, helicópteros. ¿Cómo vengo a Guachochi?, pues como siempre he venido, por carretera. Si vengo en avión a Chihuahua y de ahí en helicóptero a Guachochi, ¿cuándo me voy a enterar de cómo están los caminos?, nunca.  Ya el avión presidencial está en venta en California, ya ni les digo cuánto cuesta ese avión, porque hasta ofende decirlo: siete mil millones de pesos, imagínense.”.

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Pro el Boeing 787-8, costó 218 millones de dólares, que en enero de 2013 eran dos mil 800 millones de pesos al tipo de cambio vigente y, aún hoy, con el peso cayendo debido a la recesión, serían 4 mil 310 millones de pesos.  Y sí, el TP-01 sí está en California, sin poderse vender, pagando arrendamiento y mantenimiento a razón de 60 mil dólares mensuales o un millón 186 mil 200 pesos que paga el pueblo, sea bueno sea malo.

Y repite la cantaleta del seguro de gastos médicos mayores, como el que tiene Blacamán desde que fue Jefe de Gobierno del Distrito federal y con el cual se ha podido atender de su infarto y la hipertensión arterial en Médica Sur.

“Cinco mil millones de pesos la atención médica para los altos funcionarios públicos”, dice con su cara de espantado. “No se curaban en las unidades médicas rurales o en los hospitales del Seguro o del Issste, o de salud, y se hacían hasta cirugía plástica, se estiraban a costillas del erario”, afirma, aunque no dice que él tampoco se atiende en esas clínicas y hospitales.

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“ Ya eso se terminó también. No hay lujos en el gobierno”, dice y luego  cae en su simplimismo (El mismo que llevó a la muerte a 137 personas en Tlahuelilpan, Hidalgo, evento del que no hay responsables, el mismo que ha hecho que la criminalidad escale) y dice que  “antes” , “se robaban hasta el dinero de las medicinas”, porque al costo del medicamento le agregaban el de envío

“Y dicen: ‘No, ¿cómo vamos a llevar hasta allá la medicina?’ ¿Cómo llega la Coca-Cola? ¿No llegan las Sabritas? ¿No vamos nosotros a llevar los medicamentos?”, y al parecer no sabe o no quiere enterarse que los medicamentos se tienen que transportar en frío, en contenedores donde no sufran daño por el exceso de movimiento o cambios de temperaturas, mientras que los refrescos y las botanas se llevan a temperatura también y en transportes comunes.