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López Obrador: el populista que destruye a México

31 de octubre de 2019/Efraín Klériga/MXpress. -Desde el 1 de diciembre del 2018 aquellas cuestiones que funcionaban mal en gobiernos anteriores han seguido funcionando mal, como el clima de inseguridad o la corrupción en esferas gubernamentales, pero aquello poco que funcionaba bien, como el crecimiento del empleo, la inversión privada, el crecimiento de las exportaciones, se detuvieron o van en picada y los demás ha empeorado.

Una cosa es cierta, la Cuarta Transformación si  ha transformado a México, pero lo ha hecho deteniendo el  mediocre crecimiento económico hasta estancarlo y hacerlo negativo. Ha cambiado de un país que ascendía en la mira de los grandes inversionistas internacional, a uno que se ha ido borrando de las listas; de un país donde los brotes de ingobernabilidad comenzaban a aflorar, a uno donde esos brotes están en todas partes.

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Pasamos de un estado que reprimía a la delincuencia organizada con una estrategia confusa, pero con mucha fiereza, a uno donde no se ve cuál sea la estrategia, a menos que sea la de  respetar el territorio de cada grupo de la delincuencia organizada.

Pasamos de un Congreso donde se hacían  consensos en lo oscurito y se repartían las cuotas de poder entre las distintas fuerzas políticas, a uno donde la única fuerza política legislativa es el Presidente, quien no quiere soltar ni los recursos públicos que por ley son para estados y municipios, y mucho menos piensa en negociar los nombramientos para el Poder Judicial o para los organismos públicos autónomos, porque al parecer piensa que le pertenecen.

En pocas palabras pasamos de una democracia raquítica donde la corrupción se combatía sin decisión y cuyas malas decisiones frecuentes  apenas lograba enderezar un poco el Poder Judicial, a un populismo enfermizo que parece irse perdiendo en la irracionalidad y que se siente superior al Poder Judicial, al Legislativo y a los Estados de la Unión, y comienza a golpear por debajo de la mesa a los que piensan distinto a Andrés Manuel López Obrador, a quien el ductor de la Cuatroté califica sin pudor ni honestidad intelectual, como “adversarios”.

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Vivimos en el país que un solo hombre intenta hacer suyo, donde la inteligencia, la planeación, la conciliación, los consensos en la política, son cosa del pasados, y donde la ingobernabilidad crece en como nunca parece estar al borde del estallido.

Los datos negros traicionan a la imaginación del presidente López: La economía decrece, los homicidios aumentan, las exportaciones pierden impulso; las inversiones de dinero gubernamental hacia Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad parece dinero perdido, porque ambas empresas, en las que la Cuatroté piensa basar el desarrollo, pierden cantidades gigantescas.

El periodista cubano y  anticastrista, Carlos Alberto Montaner, definición un decálogo  de cualidades que aparecen en todos los populistas de izquierda y derecha, cualidad, más que presente, omnipresente,  todos los días en las conferencias que, López Obrador ha  inventado para ser él  principal vocero del Ejecutivo, de su movimiento político, y de sus correligionarios, pues se asume como el “arquitecto” de la realidad en el país.

Montaner dice (texto editado):

https://www.elcato.org/las-10-caracteristicas-comunes-de-los-gobernantes-populistas-de-izquierda-o-derecha

  1. El caudillismo. Generalmente, el populismo comienza con la admisión de un líder o caudillo al que se le atribuyen todas las virtudes y se le asigna, de hecho, ser el gran intérprete de la voluntad popular. Alguien que trasciende a las instituciones y cuya palabra se convierte en el dogma sagrado de la patria. Mussolini, Hitler, Franco, Perón, Fidel Castro(..)
  2. El exclusivismo. Sólo “nosotros” somos los auténticos representantes del pueblo. Los “otros” son los enemigos del pueblo (…)
  3. El adanismo. La historia comienza con ellos (…)
  4. El nacionalismo. El nacionalismo es una creencia generalmente vinculada a la supuesta identidad nacional. Suele ser excluyente y derivar en racismo u otras formas de exclusión social (…) En nuestros días, ese nacionalismo se transforma en “antiglobalismo”.
  5. El estatismo. Los populistas, casi siempre son estatistas. Creen que la acción planificada por el Estado colmará las necesidades del “pueblo amado”. Tienden a no creer en el crecimiento espontáneo y libre de la sociedad (…)
  6. El clientelismo. Los gobernantes populistas no tienen partidarios, sino clientes que les deben cosas. Les encantan los “cazadores de subsidios”. Entienden que la política es para generar millones de estómagos agradecidos(…)
  7. La centralización de todos los poderes. El caudillo controla el sistema judicial y el legislativo, o trata de hacerlo (…)
  8. Los funcionarios no están al servicio de la sociedad, sino de los populistas. Controlan y manipulan a los agentes económicos.
  9. El doble lenguaje. La semántica se transforma en un campo de batalla y las palabras adquieren una significación diferente. “Libertad” se convierte en obediencia, “lealtad” en sumisión. Patria, nación y caudillo se confunden en el mismo vocablo y se denomina “traición” cualquier discrepancia.
  10. La desaparición de cualquier vestigio de cordialidad cívica. Se utiliza un lenguaje de odio que preludia la agresión. El enemigo es siempre un gusano, un vende-patria, una persona entregada a los peores intereses. Ese es el antecedente de la destrucción del otro. Antes de aplastarlo hay que eliminarle cualquier vestigio de humanidad.

El comparativo con la Cuatroté o mejor dicho, con López, no es la intención de Montaner, pero resulta que le va a como anillo al dedo al tabasqueño: Es un caudillo que intenta ser no solamente el que declara la verdad, incluso rectificando lo dicho por su Gabiente, sino que todos los días por la mañana se convierte en el hacedor de la realidad del país.

El exclusivismo de la Cuatroté es claro, solamente ellos representan la honestidad, la ley, la democracia, el progreso. Y no podemos negar “El adanismo”, que se trasluce cuando nos dice que quiere sentar las bases para que México no regrese a la libre empresa y libre mercado.

López nos habla de un México glorioso que nunca existió y cuya leyenda urbana él delinea como la única historia de México. Su estatismo es claro: Nos dice que la inversión privada en el campo energético ha sido un fracaso, aunque no dice que la leve recuperación de Pemex ha sido con base en los campos operados por empresas privadas.

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En cuanto a al  clientelismo, para López la única forma de hacer justicia social es por medio de regalar dinero directamente y con la etiqueta de que es la Cuatroté la que lo está dando, y por ello a los programas anteriores, les cambia el nombre, mientras que otros que funcionaban mediante estructuras ahora se han convertido en dádivas directas.

La centralización de todos los poderes, el que los funcionarios de su gobierno  no están al servicio de la sociedad, sino de su ideario. El  doble lenguaje y los dobleces, las mentiras constantes, y los lemas dónde él se define como puro y blanco y sus adversarios son (somos)  unos hijos de puta, aumentan día con día, en un país gravemente polarizado.

En su discursos, López, ha desaparecido todo vestigio de cordialidad cívica, se define como apóstol, como cristiano, y con ello justifica el  lenguaje de odio  con el que agrede y mete en la misma calificación, a todos los que no creen que él es el salvador.

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