López lleva a México hacia una década perdida

OPINIÓN

Como en los años 80, los presidentes populista o dictadores con sueños imperiales llevan a Latinoamérica a otra década sin crecimiento y con aumento en el déficit social.

19 de enero de 2020/Efraín Klériga/MXpress. –Para 2020 México sólo puede esperar más de lo mismo: Aumento en la inseguridad, disminución en la inversión, más empleo informal, deterioro en educación, en la cobertura publica de salud, ausencia de combate al calentamiento global y una ofensiva más violenta contra la libertad individual.

La crisis en la frontera sur donde actúa con una policía militarizada para reprimir el libre tránsito que está obligado a respetar debido a los acuerdos internacional, ejemplifica que la legalidad y las posibilidades a mediano y largo plazo no forman parte de la agenda presidencial.

La estrategia de López es tan cortoplacista como dure en el opinión pública la última sentencia o humorada de su homilía matinal, o como son todas las iniciativas para estatizar la economía.

En política la forma es el fondo y no hay que buscarle mucho para encontrar la intención detrás de decisiones como rehacer el Seguro Popular, pero mal, cancelar las rondas petroleras o ir en contra de la subcontratación que es la única forma en como muchas empresas están dispuestas a crear empleo, es en contra del sector privado.

México cerró 2019 con un crecimiento de “menos cero”, para aplicar el dicho del presidente Andrés Manuel López Obrador al hablar de la brecha norte sur dentro de México, la cual se ahondó en 2019 especialmente por la pérdida del empleo formal.

No son pocos los economistas que vaticinan que América Latina ya entró en una década perdida, y es sencillo pronosticar que la segunda economía del subcontinente, México, irá  junto con Venezuela, impulsando la crisis.

Y si el pronóstico más optimista para 2020, un 1.3 por ciento de crecimiento, está muy por debajo del promedio del periodo neoliberal (que logó en 28 años que la economía mexicana más que duplicara su tamaño, pese a las fuertes caída en 2005 y 2009) la realidad es casi imposible que con la retórica de lopezobradorista  se llegue siquiera a la mitad de esa cifra.

Si López no escuchó la advertencia de los inversionistas extranjeros mediante la directora de DuPont para América Latina, Claudia Jañez, que bajita la mano le dijo que no hay voluntad de nuevas inversiones de multinacionales para México

Si López no escuchó las voces de la Coparmex y la Canacintra, quienes le advirtieron que, si no abre el sector energético a inversión, suben los costos y baja la competitividad, se pierde la confianza en invertir y se desalienta la exportación.

Si López no ha escuchado la preocupación de académicos de gran nivel le dicen que sembrando arbolitos en el sureste mientras aumentan la quema de carbón y combustóleo no se cumplen con los compromisos en materia de combate al calentamiento Global.

Pues queda claro que López solamente se escucha a sí mismo y que pese que no sabe de economía, materia que reprobó tres veces en la carrera y que finalmente no se sabe si la aprobó, quiere manejar la segunda economía de América Latina, con memorándums a lápiz.

Hasta la fecha, es claro que no oye  advertencias como que la economía de Estados Unidos entró en una fase de alentamiento, que Pemex está a punto de perder el grado de inversión y que sin cambio de estrategia no se podrá frenar la delincuencia.

Lo que puede pronosticarse es un año de muy poco crecimiento, aumento en la criminalidad, caída del empleo formal y por tanto incremento en la pobreza.

En el programa de Andrés Oppenheimer en CNN, Alicia Bárcena, directora de la Comisión Económica para América Latina, la Cepal, pronosticó 1.3 por ciento de crecimiento para toda América Latina, y consideró que México tendrían un año difícil y que el país estaría incluido en la década perdida para el desarrollo hacia la cual se enfila América Latina.

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Enromes errores como cancelar el Aeropuerto de Texcoco, abrogar las Zonas Económicas Especiales, frenar la inversión foránea en el sector energético, propiciar la disminución brutal en el empleo formal y caída en las exportaciones de manufacturas, van a cobrar una factura muy cara en 2020.

El gobierno de López Obrador ha goleado las estructura que generaron los escasos  progresos sociales logrados en los últimos años, se ha convertido en enemigo de la inversión privada en lugar de alentarla y con ello vino  el debilitamiento en la generación de empleo en un contexto de bajo y hasta negativo crecimiento económico.

No se necesita esperar hasta el estudio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política en Desarrollo Social, conocida por el acrónimo Coneval, para saber que pese a los regalos de dinero en efectivo la pobreza aumentó en el país y que este aumento fue más grave en el Sur  y el Sureste del país.

A finales de 1981 el presidencialismo, el estatismo y  la demagogia, pero sobre todo la torpeza de pensar el Presidente debe manejar la economía le cobró a México cuota y ahí inició una década sin crecimiento, que fue igual casi en toda Latinoamérica y que se conoce como la “Década Perdida”.

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En 2019 el crecimiento económico de México fue de “menos cero”, el crecimiento demográfico de 1.6… Cayó el empleo, la inversión en riesgo empresarial comenzó a menguar, y colapsaron el sistema educativo, el de salud, y aumentó la criminalidad.

La historia vuelve a repetirse.

En 1981, como el 1 de diciembre de 2019, también comenzó para la economía mexicana una década perdida, un alejamiento de las inversiones foráneas y una caída gradual del empleo formal, que trajo deterioro en los servicios de salud, en la calidad de la educación y un rápido incremento de la criminalidad.

Curiosamente el presidente también se apellidaba  López, tenía una abuelo materno español, una esposa que se sentía artista, un Durazo consentido y también creía que el petróleo se comía, y que un gobierno hegemónico era la solución para sacar de la barranca a los “desposeídos”, a los que finalmente pidió perdón con lágrimas en los ojos.

Fue una década en la que México tuvo que enterrar el estatismo, que había fallecido hacía tiempo y que, como el Cid Campeador, cabalgaba muerto, pero sobre una economía petrolizada y dolarizada, que en lo interno  convertía en tortillas la riqueza petreolera.

Al igual que este López, no tenían un plan energético que previera el futuro, y no invirtió  en modernizar la infraestructura, promover el  empleo formal, mejorar la  educación o cimentar un buen sistema público de salud basado en la calidad de los servicios.

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