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Estancamiento es el mejor pronóstico para México en 2020

En dos años el crecimiento no llegará medio punto porcentual, el más reducido para un periodo igual desde Miguel de la Madrid (1983-1984) pero sin haber encontrado la economía en crisis

2 de marzo de 2020/Efraín Klériga/MXpress. -Antes de que la economía mexicana tenga las repercusiones que seguro vendrán por la pandemia mundial de Cov-19 y, los daños locales que no serán menores, ya se vativina un mínimo crecimiento ente 0.7 y 0.9, lo que significa estcancamiento y un m´+aximo de 0.5 en los primeros años de la Cuatrote.

Cada día más, el fracaso económico del gobierno de Andrés Manuel López Obrador regresa al país a los tiempos en que el presidente José López Portillo lloró en su sexto informe de gobierno, estatizó la Banca y mandó al país a una crisis de 10 años que se conoce como «la Década Perdida».

«Nuestra economía, sobre todo el peso, aguantó esta primera etapa de propaganda sobre el coronavirus, ha habido una depreciación, pero estaba bastante apreciado el peso, resistió», dijo López en su homilía del lunes.

Y luego de inventar «el crecimiento horizontal», López dijo que busca un «crecimiento de la economía sea horizontal porque durante el periodo neoliberal hubo crecimiento en islas rodeadas de pobreza, de abandono», aunque olvidó decir que el país no crece y los estdados más pobres tuvieron los peores datos en 2019.

Como hace 38 años, México comienza a vivir una profunda crisis de desinversión, nulo crecimiento económico,  como saldo de una economía que se manjó desde Palacio Nacional y que llevó al país a la quiebra.

En diciembre de 1982 el Miguel de la Madrid tuvo que aceptar que México era un país en crisis, “endrogado hasta las manitas”, con una deuda impagable, hecha por la demagogia de dos presidentes, pero también por la inmensa corrupción en sus regímenes.

Hoy México vive polvos de aquellos lodos: El manejo de la economía salió de manos de expertos y regresó a la oficina al lado del Salón Embajadores en Palacio Nacional, ahí decide un presidente que, como estudiante de Ciencias Política, reprobó tres veces la muy básica economía que se estudia en esa carrera.

En la última Reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) se consideró que crecimiento económico será la mitad del considerado en el programa y vaticinan que seguirá la caída en las exportaciones petróleo y el casi nulo crecimiento del empleo formal.

Mientras, los analistas privados consultados por Banxico pronostican un crecimiento del producto interno bruto del 0.9 por ciento, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) vaticina un 0.7 por ciento, y estos son solamente los ajustes antes de que sepa que tanto enfermará el coronavirus a la economía mundial y a la mexicana.

Las decisiones desde Palacio han hecho que  se frene toda la obra carretera que estaba en marcha al 1 de diciembre pasado, que se baje a menos de la mitad el presupuesto para el Sector Salud, que se siga priorizando a Pemex y las obras faraónicas del régimen: Santa Lucía, Dos Bocas, Tren Maya.

Mientras cae el empleo en la construcción a su nivel más bajo proporcional desde 1983, la planta automotriz pierde impulso y las exportaciones marcan una línea descendente, parece que la historia de la “docena trágica” vuelve a repetirse.

En 1983 la locomotora del desarrollo se había descarrillado tras dos gobiernos populistas con nostalgia socialista (LEA y JLP) que pusieron a Pemex y a las exportaciones petroleras como la maquina que iba a llevar al primer mundo a la economía mexicana, pero la llevó a la insolvencia.

En 1983  la deuda externa y la interna del sector público de México era superior a un año del producto interno bruto (PIB) y no había liquidez suficiente ni para pagar los abonos mensuales.

La Crisis de la Deuda Mexicana, un periodo histórico al que poco se han referido, había resultado ser la cima de 12 años de demagogia, de políticas populistas que golpeaban a la empresa y le decían a los desamparados, que el gobierno los sacaría de la barranca.

Pero finalmente política de estatizar toda empresa que quebrara, para “preservar el empleo” y la política sustitución de importaciones, hicieron de la economía un buey enorme desbarrancado, al que nadie podía sacar sin hacerlo adelgazar.

Hoy que los teóricos de la Cuarta Transformación nos hablan de la privatización de las paraestatales como un periodo negro de la historia nacional, habría que recordar qué eran esas “paraestatales” y cuánto aportaban al crecimiento nacional.

La primera lista de paraestatales a desincorporar o desaparecer que publicó el gobierno de MMH, más forzado por los muchos acreedores y el Fondo Monetario Internacional que por gusto, incluía fideicomisos para películas que nunca se filmaron, para desarrollos habitaciones turísticos de lujo…

También, fábricas de colchones, refrescos, vehículos, químicos,  celulosa, restaurantes, cabarets, hoteles, una siderúrgica quebrada y oltra obsoleta, empaques de cartón, y en cuanto a Teléfonos de México, se trataba de una empresa que brindaba un servicio malo, caro y tecnológicamente con 20 años de atraso.

Nada ejemplifica el avance que liquidar y privatizar empresas para estatales significó para la economía, como la venta de Ferrocarriles Nacional y Teléfonos de México que, apenas tenía 30 años como paraestatal.

Claro que no  había Internet, ni telefonía celular, de hecho, ni telefax, y cuando lo hubo, para 1985, la velocidad para enviar promediaba una página por minuto y medio, y tras enviar había que hablar por teléfono para saber si había llegado bien, y no era infrecuente repetir el envío.

En 1983 conseguir una línea telefónica costaba poco más que dos salarios mínimos mensual, la instalación si había líneas disponibles en la zona, tardaba más de 15 días si no había, seis meses o nunca.

El costo de teléfono se componía de: “Renta”, que era un pago fijo que iba de unos 5 a 50 dólares para servicio domiciliario; “servicio medido”, que sumaba no solo llamadas de larga distancia sino el tiempo que según Telmex se había usado la línea. Un recibo promedio domiciliario promedio era de un salario mínimo.

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En cuanto a Ferronales, según los datos de 1982, si se hubiera vendido en ese momento en un peso, el país habría tenido en 1983 un ahorro de 600 millones de pesos (500 mil millones de hoy) 300 por las pérdidas anuales y 300 por el presupuesto que se daba a la paraestatal manejada por el mismo Sindicato.

Pero la deuda que dejaron los gobiernos populistas de Luis Echeverría y José López Portillo se lee así: En 1970 la deuda externa era de cuatro mil 263 Millones de dólares, equivalentes al 12 por ciento del PIB; para 1982 la deuda era de 58 mil 874 MDD o el 91.57 por ciento del PIB, pero la deuda interna también había crecido 12 vece.

En cuanto al comercio exterior, México además de petróleo no exportaba casi nada, y para importar era casi imposible, pues la política se llamaba «sustitución de importaciones», lo que significa mercado cerrado, tan cerrado que al pasar por una aduana la única forma de pasar sus compras en el exterior, era mediante «una corta feria».

 

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