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Tras un año de mala conducción la crisis mundial hundirá lo que le falta a México

La demanda del petróleo cayó 10 millones de barriles por día, los mercados bursátiles se hunden, una gran recesión mundial amenaza y en México donde ya había muchos pendientes, el coronavirus parió.

17 de marzo de 2020/Efraín Klériga/MXpress. – Hoy, hoy, hoy, una epidemia mundial de grandes consecuencias nubla el panorama y anuncia una recesión mundial.

Una crisis adosada con la inoportuna decisión de la Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo, la OPEP, de incrementar la producción mientras la demanda baja hasta 10 millones de barriles por día, una caída que golpea a las economías petrolizadas y derrumbará a Pemex.

La perspectiva para México en 2020 es que caigan sus exportaciones de manufacturas y aminoren  sus  exportaciones petroleras al menos en dólares, mientras el desempleo que ya había generado López con sus ocurrencias, tenderá a incrementar a niveles difícil de predecir.

En lo interno, además de desempleo, es pronosticable un incremento de la delincuencia en delitos como robo, secuestro, extorsión, mientras que la estructura de salud, que el mismo Andrés Manuel López Obrador  se encargó de empobrecer, vulnerar y desmontar, será menos capaz que nunca de dar servicio a una demanda extraordinaria ante  una pandemia que, seguramente se va a extender.

Hace casi 14 meses el nuevo presidente e México pensaba que lo podía hacer todo con sólo apuntar con el dedo: Cancelar la mayor obra de infraestructura en México en décadas, frenar contratos petroleros, golpear grandes empresas, nombrar a un amigo inexperto al frente de la empresa más grande del país, iniciar una refinería y un aeropuerto  sin viabilidad económica y utilizar su cargo para vengarse de quienes por años lo habían tildado de mediocre, tramposo y violento.

Hoy la realidad le manda un mensaje claro: Tras un año sin crecimiento y pleno en desacuerdos políticos, el entorno mundial no le dará ayuda y hundirá la economía mexicana todo lo que se pueda, en una lucha internacional de “sálvese quien pueda”, donde los precisamente los países hacia donde van los productos mexicanos y desde donde viene la inversión, son los que más sufren.

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Andrés Manuel López Obrador encontró en 2018 un país en donde había docenas de asignaturas pendientes: proyectos de infraestructura a medias, gasto público mal dirigido, inseguridad creciente, una reforma educativa en ciernes, y una economía con una base recia, pero con un crecimiento mediocre. Pero lejos de trabajar con los pendientes impuso su lista de deseos.

Político obscuro la mayor parte de su vida, sin haber logrado más éxito económico que el que tuvo con los salarios derivados del Presupuesto, López Obrador dedicó su primer año de gobierno a mostrar, cómo él mismo dijo a los cuantos días de haber ganado la elección: Quién es quién manda.

Pasó un primer año no construyendo mejores bases económicas y delineando una estrategia científica contra la inseguridad, sino reventando estructuras jurídicas, políticas y económicas, para, cómo él mismo lo dice, los que le sigan no puedan  revertir el obradorato.

Lejos de un proyecto conciso, López planteó una serie de ocurrencias para darle la espalda a la libre empresa, base del neoliberalismo, asfixiando a la iniciativa privada dentro del país y soltando dinero en efectivo desde el presupuesto a las mayorías en las entidades donde construyó su triunfo electoral pues esto, pensó, le daría la fuerza política para hacerlo todo.

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Alumno menos que mediocre en economía y derecho constitucional, sus carencias afloraron con ocurrencias, y violentó la ley, desde hechos sencillos como  no saludar a la bandera, hasta tonterías temerarias como cancelar contratos a grandes empresas  internacionales, frenar procesos de inversión o intentar privarlas de sus derechos.

Pensó que la gente que iba a los mítines a adorarlo es la que podía echar apara adelante a la economía, y que con tan sólo hacerles creer que él era honesto, distinto y que cobraría poco por sus servicios le daría todo el poder, hasta el que nunca han tenido.

Hoy, hoy, hoy, la realidad lo alcanza y ni el dinero y bienes públicos que utiliza en dar sus pingües y cursis mensajes diarios, ni sus cadenas de tuiteros, ni los viciosos y saltimbanquis  que los han seguido, van a poder hacer algo mejor que ser los primeros en abandonar el barco.

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