Habla de que otorgar obras de inversión a la iniciativa privad aes corrupción, porque él quiere ser quien maneje los contratos y reciba los moches

Domingo 7 de junio de 2020/Efraín Kleriga/MXpress. –Para Andrés Manuel López Obrador concesionar una obra a inversionistas del sector privado es sinónimo de robar, pero adjudicar directamente contratos por miles de millones de pesos a empresas que no tienen experiencia alguna  en la obra adjudicada, o a personas que el mismo mencionó alguna vez como corruptas, eso no es corrupción.

“Fue un milagro que estos corruptos, saqueadores, no hayan concesionado esta vía, esta ruta”, dijo López, este domingo, al anunciar que la Vía del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec —proyecto que proviene del es gobierno de Ernesto Zedillo—  sería costeada con el dinero de todos los mexicanos que maneja el Gobierno federal.

Es claro que a López no le gusta concesionar obras porque al hacerlo no sería su gobierno sino los concesionarios quienes tengan en la mano el dinero, otorguen los contratos de obra, hagan las adquisiciones de materiales y además, todo mundo podría saber qué le toca a quién.

Los casos de Carlos Cabal Peniche, Ricardo Salinas Pliego, Carlos Slim Helú, Carlos Hank Rhon, Alfonso Romo, empresarios que figuraron por primera vez en la lista de los muy ricos en tiempos de Carlos Salinas de Gortari, son ahora figuras centrales en los contratos de la Cuarta Transformación.

López ha sido uno de los políticos que más han contribuido a la fama de Carlos Salinas de Gortari, como corrupto y jefe de la mafia del Poder y del finado Carlos Hank González como jefe del Grupo Atlacomulco, al cual pertenecía Enrique Peña Nieto.

Los proyectos de López; Dos Bocas, el Tren Maya, el Aeropuerto de Santa Lucía, los Bancos del Bienestar  y la doble Vía del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, están marcados por malas prácticas administrativas, adjudicaciones irregulares, nepotismo y peculado que tarde o temprano llegará a los tribunales.

Las empresas encabezadas del junior de  Hank González, Carlos Hank Rhon y su hijo Carlos Hank González, entre las que se cuentan Banorte y una constructora, han recibido 24 contratos públicos por un monto que supera los ocho mil millones de pesos.

Carlos Cabal Peniche, banquero en el salinismo, ex prófugo de la justicia acusado  de haber aportado cinco mil millones de dólares  a la campaña a gobernador de Tabasco de Roberto Madrazo Pintado, la cual López calificó de robo y dio lugar a una serie de sabotajes de pozos petroleros y huelga en el pago de la electricidad en Tabasco, primero recibió la exoneración del Mesías.

En diciembre del 2019, López descartó solicitar que se investigue al exbanquero y luego en abril de este año Cabal Peniche fue beneficiado con una adjudicación directa de casi cinco mil millones de pesos para vender e instalar los cajeros automáticos del Banco del Bienestar.

Salinas Pliego, a quien López había calificado como miembro de la mafia del poder se unió desde noviembre de  2018 al llamado Consejo Asesor Empresarial y ha sido compensado con el manejo de los tres mil 700 millones de pesos del Banco del Bienestar.

En abril pasado, luego de que One Web una empresa asociada al grupo de Salinas Pliego se declaró en bancarrota provocándole al regiomontano una pérdida de 235 millones de dólares, su exempleado, Esteban Moctezuma, yo secretario de Educación, le entregó un contrato de 969 millones de pesos, para ir paleando las pérdida.

La fortuna de Hank y Salinas Pliego, especialmente de  éste, que ha incrementado en 700 millones de dólares, ha crecido con firmeza desde que López es presidente, y parece difícil que estos empresarios acostumbrados a darle moche a sus mecenas no hayan ayudado a desviar dinero mediante Azteca y Banorte hacia cuentas en el exterior.

Si hace dos años extraño el estoicismo con el que Carlos Slim aceptó la cancelación de las obras e intereses en el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, la partición en el Santa Lucía y el Tren Maya no puede verse sino como una compensación.

Este abrazo a que él mismo López ha dado a empresarios del grupo que el mismo macuspano bautizó como Mafia del Poder, se une al 75 por ciento de contratos y adquisiciones por adjudicación directa, y al nivel de vida suntuoso de los López Beltrán y López Gutiérrez, y hasta en eso se pare la Cuarta Transformación al Socialismo Bolivariano y lo que ha pasado en Bolivia, Nicaragua y, el maestro de todos, la Cuba de los Castro.

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