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El narco toca la puerta y AMLO descubre que no todos le hacen caso a su mamá

El haber hecho política barata con el narco, abrazarlos, mandarles besos, haber debilitado la ofensiva policíaca y social contra la delincuencia y estar haciendo más de lo mismo, está a punto de explotarle en plena cara al Presidente.

OPINIÓN

Viernes 26 de junio de 2020 /Efraín Kleriga/MXPress. –Son pocos los gobernantes en este país que han sentido el  poder de fuego de la delincuencia organizada, la mayor parte de quienes lo sintieron están muertos.

Este viernes las autoridades capitalinas, la Presidencia, los llamados medios nacionales, lo vieron de cerca, oyeron el ruido de las detonaciones de rifles automáticos, de ametralladoras Barret, los enfrentamientos que suenan más seco y aterrador que en los reportes de los corresponsales.

Hoy, de pronto, parece como si este fenómeno que lleva 30 años, un cuarto de millón de muertos, decenas de miles de secuestrados, millones de extorsionados, les resulta nuevo.

Les asusta porque políticos y medios siguen pensando que el combate a la delincuencia organizada (DO) es una cuestión de policías y ladrones que no termina de dar resultado, y no un asunto de prioridad máxima y seguridad nacional que debe atacarse con la ley, la inteligencia, la fuerza y la boa cerrada.

Quienes llevamos tres décadas reportando información sobre masacres de la DO, investigando en forma suicida, fotografiando bolsas con cuerpos cercenados, pavimentos con vísceras embarradas, sabemos que los grupos tienen una inmensa cantidad de armas para un ejército regular y sus asaltos son batallas campales, o cobardes emboscadas. Eso, no es una novedad.

Sabemos que si les quitan la droga, les queda una enorme gama de delitos que les pueden dar dinero, como el contrabando de armas, de vehículos robados, el secuestro, la extorsión, el contrabando de mercancías robadas de ropa usada.

Y en esta crisis, poderoso caballero es Don Dinero y el que paga manda o por las orillas se anda,

Son escasos los políticos o dirigentes de medios que piensan que el menor de los problemas son las ametralladoras calibre .50, los fusiles de asalto, los lanzagranadas, los lanzacohetes o los vehículos artillados y blindados.

El problema está ahí, en los barrios bajos, en los pueblos, los ejidos, donde los jóvenes esperan un triste futuro, cuando llega alguien y le da dinero, armas, un vehículo a cambio de arriesgar la vida.

El problema está ahí creciendo y multiplicándose mientras el remedio son las fuerzas armadas en la calle, y no los comedores comunitarios, los subsidios para sembrar, las becas para estudiar, para pagar la electricidad, el pasaje,

Los presidentes de México no han conocido de primera mano, pero tampoco por estudios multidisciplinarios, los porqué las bases sociales que manejan los grupos de la delincuencia organizada en el norte del país, el Bajío, la costa del Pacifico, en Veracruz, tienen literalmente miles de participantes que los defienden.

Hoy se sorprenden por la cantidad de camionetas, por  los vehículos con blindaje casero, por los narcopolíticos (tanto porque se financian con ese dinero como los que son los interlocutores de unos y otros) con infiltrados en las policías, entre los grupos de reporteros.

Pero el aquí y ahora desde hace muchos años y más desde hace 12, son infiltrados en la administración pública, en las policías, en los medios, incluso grupos que se presentan como luchadores sociales, activistas por los derechos humanos, pero que solamente son orejas  a sueldo.

Son infiltrados que investigan personas, movimientos, datos, nombres, e incluso los que sueltan los “cañonazos” a quienes deben corromperse o amenazar, en su caso.

El aquí y ahora son grupos delincuenciales cuyos jefes gozan de impunidad, por la colusión de autoridades o por su capacidad económica para comprase escudos políticos, mediáticos o litigios favorables.

En el norte del país, en Veracruz, Guerrero, etcétera, todos los que llevan unos años en los medios han tenido que asistir al funeral de un colega asesinado, saben lo que significa, “dar piso”, “levantado”, “tablazos”, “el señor pide que…”.

Y que tienen que trabajar en  medios donde a veces un grupo paga  para que las informaciones salgan o para que no se incluyan, y luego viene el problema con sus antagonistas.

A los que saben los solitarias que son las brechas en San Fernando o como se tuerce en forma inquietante la carretera antes de llegar a Aguililla, o a qué huele una fosa clandestina, nos da tristeza que, tras haber fracasado el uso del ejército con Fox, con Calderón, con peña Nieto, este sea el único remedio que columbra Andrés Manuel López Obrador.

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