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Mientras México llora sus muertos y se empobrece, el presidente llora porque lo critican

López Obrador mostró este jueves una nada extraña prioridad para un populista: intentar anular la crítica y enfurecer a sus correligionarios para que vayan en contra de los medios y los “adversarios”

Jueves 15 de octubre de 2020 /Efraín Kleriga/MXPress. -Nada molesta a los populistas como la crítica y la prensa que propale sus fallas, limitaciones y errores.

«Una cosa es la crítica, y otra la conspiración. O eso se acaba o yo me dejo de llamar Hugo Rafael Chávez Frías», amenazó el dictador venezolano en 2002 antes de comenzar a cerrar canales de televisión y periódicos que los criticaban.

«Hemos aguantado demasiado», se dolió Chávez: “algunos dueños de medios suponen que no se tomarán medidas drásticas por miedo al escándalo internacional» (…) “Se pueden llevar una sorpresita en cualquier momento. No se equivoquen, que están jugando con fuego», amenazó.

Hoy, Andrés Manuel López Obrador, un aspirante a dictador en la misma línea de Hugo Chávez, mostró el orden de sus prioridades: No son los 85 mil muertos por Covid, no son los niños con cáncer que no tienen medicamentos; no es poner orden para evitar el robo a automovilistas en casetas de cobro.

Tampoco es ir en auxilio de sus paisanos que están pasando malos días en medio de una inundación, sin alimento ni agua, y amotinados luego de la falsa promesa de que los apoyos se los iban a dar en efectivo.

Las prioridades del presidente, no el más criticado, pero sí el más criticable, tampoco es la de generar empleo temporal u otorgar ayuda económica para los 12 millones de mexicanos sin empleo. No es la de llevar despensas a muchas casas en el país donde han colgado trapos rojos para indicar que necesitan ayuda.

Las prioridades tampoco son las de poner a raya a los carteles que se burlan de la autoridad federal y hasta la golpean; o la de asumir el compromiso de darles medios para que puedan tomar clase los millones de alumnos que no tienen ni Internet ni dispositivos digitales.

La prioridad tampoco es propiciar una rápida inversión para palear una crisis económica que se anticipa será la más ruda entre las 10 economías más importantes de América.

No, la prioridad es acabar con la critica y con las publicaciones que muestran sus fallas, su falta de empatía ante la desgracias o los problemas ajenos, su arrogancia para imponer el sistema político que le copia a la llamada Revolución Bolivariana.

Para ese efecto, y así como le ha dedicado una gran cantidad de tiempo en sus matinés en Palacio Nacional para defender al indefendible Hugo López-Gatell, el tabasqueño puso a chambear muchas horas a su equipo de comunicación social (que no comunica nada) para que hicieran un escore de columnas y columnista.

 Lo suyo es enfermedad mental

Y así, en esa cadena nacional que tiene un costo diario de cinco a 10 millones de pesos, pues incluye el pago de convenio a medios privados que le sirven de espejo, López mostró una tabla, de quiénes critican su mal gobierno, con calificaciones subjetivas de críticas a favor, neutrales o en contra.

¿Esperaba aplausos a raudales un presidente que metió al país en una crisis que va a durar al menos  una década? ¿Un presidente que nunca recibe a quienes le reclaman, que no visita hospitales, que no sea apersona en las inundaciones ni en ningún otro tipo de desgracia?

¿Esperaba porra y más porras, un presidente que se ha dedicado a poner a todo sus críticos en el mismo frasco para llamarles conservadores, fifís, alcahuetes, momias, mapaches, fantoches, doble cara, machucones…?

¿Es de aplaudirse que hay ponderado al Covid como una enfermedad poco grave, que haya dado el ejemplo de no usar tapaboca, que haya atacado la pandemia con el presupuesto más recortado posible?

¿Tenemos que hacerle caravanas cuando vemos que invierte el dinero público en el rebosadero en que se ha convertido Pemex y en obras de bajo retorno económico como el Aeropuerto de Santa Necia, Dos Bocas, el Tren Maya?

Para usar sus palabras, ahora resulta, fíjense, que ejercer el derecho de opinión es formar parte de una conspiración. Ahora resulta, fíjense, que el que la oposición se una para presentar un frente, luego de que les dijo que estaban “moralmente derrotados”, es una conspiración.

Póngase a gobernar, señor presidente, que ya urge

 

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